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Ejemplar de Panstrongylus geniculatus. Foto Cortesía IvicExpertos venezolanos aseguran que los insectos no son el problema, sino la pobreza.

 

Un nuevo enfoque, que pudiera definirse de revolucionario, intenta hallar señales más acertadas para detener el avance de una infección que afecta principalmente a poblaciones rurales pobres de los países en desarrollo, en especial de Latinoamérica.

La culpa de que más de 6 millones de personas en el mundo lleven en sus venas el parásito Trypanosoma cruzi -causante de la enfermedad de Chagas- no es del animal chupasangre que funciona como vector de transmisión. Es de un encuentro no planificado con el Homo sapiens, el primate más evolucionado de la familia de los homínidos.

Los autores de tan osado planteamiento, publicado recientemente en la revista mexicana de corte filosófico Ludus Vitalis, son los investigadores Fernando Otálora-Luna y Ángel Viloria Petit, del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (Ivic); y Elis Aldana, de la Universidad de Los Andes (ULA) de Mérida.

“El ciclo de vida del parásito causante del Chagas se cumple perfectamente en animales silvestres, por lo que pudiéramos decir que dicha condición se genera por accidente cuando se interpone el hombre”, informó Aldana, investigador del Laboratorio de Entomología “Herman Lent” de la ULA.

Abordaje comunitario en sectores rurales del Parque Nacional El Tamá, estado Táchira. Foto Cortesía Ivic

A expensas del otro

La mayoría de los chipos -conocidos en otros países como vinchuca, pito, barbeiro, chinche y kissing bug- se alimentan de sangre. Sin embargo, y a diferencia de otros insectos hematófagos como los mosquitos o las moscas tse-tsé, son capaces de convivir en el hábitat del hospedador.

En su permanente búsqueda de lugares frescos y con poca luz, como las madrigueras, grietas de árboles, plantas bromeliáceas y cuevas, los chipos pueden vivir en asociación directa con vertebrados como pájaros, perezas, reptiles, marsupiales, conejos, roedores, armadillos y murciélagos.

Con el tiempo, fueron expandiendo su radio de acción a la fauna doméstica y sus dueños: los seres humanos.

“El ensayo critica el paradigma antropocentrista, adaptacionista y ortodoxo que, aunque considera a los triatominos como una amenaza, no ha resuelto el problema”, aseguró Otálora-Luna, jefe Jefe del Centro Multidisciplinario de Ciencias del Ivic en el estado Mérida.

Según el artículo, se han identificado alrededor de 140 especies de chipos con la potencialidad de transferir el T. cruzi al torrente sanguíneo, cuando defecan sobre la piel al momento de la picadura y la persona se frota.

No obstante, solo unas cuantas (Triatoma infestans, T. dimidiata, T. sordida, T. brasiliensis, Rhodnius prolixus, R. pallescens y Panstrongylus megistus) han sido vistas en domicilios humanos.

Inspección entomológica en casas afectadas con la enfermedad de Chagas. Foto Cortesía Ivic

Excepción que confirma la regla

No existe vacuna para tratar la enfermedad de Chagas y el método más usado para prevenirlo, al menos en Latinoamérica, es el control vectorial. “¿Vamos a seguir persiguiendo chipos? Eso no está funcionando. El problema no son los chipos. El problema es la pobreza porque Chagas es una enfermedad de los pobres”, insistió Otálora-Luna.

Para sustentar esa apreciación, los expertos del Ivic y la ULA expusieron el caso de las modernas tribus nómadas amazónicas, donde el parásito o los chipos portadores cerca de casas tradicionales jamás han sido reportados.

Incluso, se tiene conocimiento acerca de 18 asentamientos muy pequeños (no superan los 500 miembros) y de alta movilidad cuyos nativos parecen ser inmunes a Chagas y otras enfermedades causadas por vectores.

Este hecho resulta verdaderamente asombroso si se toma en cuenta que la cuenca amazónica fue ocupada por los americanos hace miles de años y en este lugar la abundancia de triatominos es elevada.

¿Qué tiene de particular esa zona del mundo para impedir la propagación de estos especialistas de la succión de sangre? La respuesta no está en lo que poseen sino en lo que no poseen: capitalismo.

A juicio de Aldana, el sistema económico capitalista actual existe y subsiste generando pobreza y es en pobreza donde dicha patología, potencialmente mortal, hace de las suyas.

“El capitalismo se basa en la acción individual sin responsabilidad social y necesariamente conduce a la pobreza, porque la población se hace más vulnerable en cuanto al contagio y tratamiento de enfermedades asociadas a viviendas rurales muy precarias y daños ambientales”, explicó.

Por su parte, Otálora-Luna precisó que la contribución de los autores del artículo es, en pocas palabras, acusar al modelo de desarrollo de culpable de la enfermedad de Chagas.

Intervención humana con tala del bosque para potreros de ganadería en sectores naturales de Chiguará, estado Mérida. Foto Cortesía Ivic

¿Quién invadió a quién?

“Las premisas de las que parte el enfoque epidemológico tienen como meta extinguir a los triatominos y eso nos parece errado, pues el problema es el modelo económico que los obliga a ingresar a las casas. Hay que detener la voraz depredación de nuestro planeta, se nos agota el tiempo”, dijo.

De hecho, los investigadores sostienen que son los humanos y no los chipos los que en última instancia pueden ser señalados de invasores, puesto que en términos ecológicos los individuos son los que han infringido los espacios de los insectos.

Si por antigüedad se trata, los triatominos aparecieron en América millones de años antes de que los humanos cruzaran el Estrecho de Bering, por lo que los primeros contactos entre ambos grupos pudieron haber ocurrido hace 15.000 años antes de cristo, cuando el H. sapiens llegó al continente desde Asia. Los triatominos modernos son descendientes directos del orden Hemiptera, suborden Heteroptera y familia Reduviidae.

“No intentamos afirmar que los humanos son una amenaza. Pero si aceptamos que ellos están separados y confrontados con la naturaleza, nos percibiríamos como víctimas, descuidando aspectos ecológicos importantes de los insectos triatominos en asociación con los humanos”, indica el texto.

Los programas de control de la enfermedad de Chagas han sido diseñados sobre la base de una perspectiva reduccionista. “Además de controlar o eliminar al vector, se podría pensar en evaluar qué hacemos nosotros para atravesarnos en su medio natural y propiciar el contacto”, aclaró Aldana.

Una manera de contrarrestar ese paradigma dominante sería estudiar la problemática holísticamente, alejándose del antropocentrismo, pues tanto hombres como chipos forman parte del mismo ecosistema.