Cinco pesos

 Juan Francisco Jiménez Cravioto.

Estábamos Luis y yo esperando el transporte público. Acabábamos de terminar nuestra jornada de trabajo. Durante la espera, Luis me presumía tener un auto control envidiable ante los asaltos; que incluso era capaz de sacarle provecho a esos acontecimientos.

Como el transporte demoraba demasiado, le sugerí que fuéramos por un refresco a la tienda que se encontraba a una cuadra de la estación camionera. Él se negó a acompañarme; así que me apresuré. En ese lapso, vi de reojo a Luis agachándose para acomodar el dobladillo de su pantalón. Un joven salía, de la cuadra opuesta a la que me encontraba, armado con un arma de fuego; inmediatamente colocó la misma en la espalda de Luis. Éste, sin inmutarse y con gran calma, reaccionó como si alguien fuese a pedirle un favor o quizá pedirle ayuda con alguna dirección. Yo me paralicé y me quedé mirando.

-¡Esto es un asalto cabrón, dame todo lo que traigas!

-¿Todo?- fue lo que pregunto Luis, mientras arqueaba la ceja derecha.

-¡Si, todo!-

-¿Seguro que todo?-  su voz, de mi amigo, fue aún más calmada y suave.

-Ya te lo dije:¡TODO!- el delincuente comenzaba a alterarse.

-De acuerdo, te daré todo. Primero te entregaré mi reloj, que ahora será de tu propiedad- muy lentamente se despojó de éste- ahora te entregaré mi cartera; dentro de ella encontrarás algunos billetes que te servirán de algo- sacó su billetera y le mostró el contenido de ella.

Conforme Luis se despojaba de sus pertenencias, el asaltante se fue relajando; incluso una sonrisa se asomaba de sus labios. Cuando al fin le entregó cada una de las pertenencias, el joven se disponía para emprender la fuga, pero fue interrumpido con una pregunta que no se esperaba -¿Antes de que te vayas, puedo pedirte un favor?- ¿Cuál?- el asaltante preguntó con incertidumbre y un poco molesto.

-Ya que se lleva todas mis posesiones ¿Podría ayudarme con cinco pesos para mi pasaje del bus?

El ladrón soltó una carcajada, hurgó entre sus bolsillos e irónicamente era la única moneda que llevaba consigo. La lanzó al aire y Luis la pescó en el acto, bajó el arma, le guiñó un ojo y emprendió la carrera.

¡Al fin reaccioné!, corrí hacia Luis, al estar junto a él lo comencé a invadir de preguntas referente a lo sucedido, no hizo más que decirme- Estamos de suerte, ya viene nuestro camión.

Subimos al transporte y mi amigo comenzó a contarme un chiste que aprendió aquella mañana.

 

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